Que bueno que perdiste…

(La derrota como visión de ganancia dentro del proceso de formación de un futbolista).

Una vez a alguien le escuché decir que el fútbol y la vida misma funcionan como un perfecto binomio. Cierto o no, creo que en ambos solo existe un pecado superior a la visión del resultado éxito como fin y es el de no reconocer el valor de la derrota como medio necesario para alcanzarlo.

Si buscamos la definición de la derrota caeremos en la consciencia de que refiere a una vereda, camino o dirección que lleva un navío entre otros; un proceso largo y continuo que me gustaría entender como una realidad común y natural.  Sin embargo, a menudo asociamos el término perder como un elemento totalmente circunstancial el cual ninguno queremos experimentar y vagamos inconformistas sin darnos cuenta de que la victoria, entendida como éxito al 100%;  solo pudiera llevarse a cabo en un contexto de máxima pericia o sabiduría. Esto es, más allá del ocaso de la formación.

Esto me lleva a  hacer una reflexión:  En el proceso de aprendizaje de un niño, el error (derrota) es una constante que invita al aprendizaje y el acierto (victoria) supone una anomalía que debe celebrarse como un motivo para seguir viviendo en el error (aprendizaje).

Si ya en el profesionalismo la derrota es un invitado habitual me pregunto : ¿Qué nos hace diferentes ante esto en el ámbito de la formación?

Tal vez sea la humildad o introspección a quién nunca queramos como invitados de viaje…

Alguien bien pudiera llamarme iluso, pero creo que dentro de un proceso correspondiente a una etapa formativa, el rol del resultado jamás debiera ser el de juez o espejo:

  • En el primer caso porque el resultado no debe sentenciar a jugadores/as ni determinar/condicionar el proceso formativo posterior .
  • En el segundo porque es un “falso amigo”; a veces refleja y muestra la verdad y a veces nos engaña tratando de enmascarar una mentira.

En la vida y en el fútbol vas a perder muchas veces, eso es algo que no está en tu mano decidir; pero si cómo valoras, dónde te sitúas y dónde haces situarse a tus jugadores cuando eso ocurra. Por todo ello, te deseo que pierdas y que pierdas mucho, porque sólo habrá espacio en tu vida para una victoria y esa será la de la última de todas tus derrotas…

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