Las variables psicológicas en el fútbol

“No encuentro la motivación necesaria para entrenar ni competir”, “Tengo mucha ansiedad antes de un partido”, “Estoy demasiado estresado como para rendir bien”, “Pierdo la concentración con mucha facilidad”… A menudo usamos varios conceptos psicológicos en nuestra vida cotidiana e igualmente cuando estamos practicando nuestro deporte favorito, pero ¿sabemos realmente qué son?

En este artículo voy a explicaros cuáles son las variables psicológicas que influyen en el rendimiento deportivo. Estas variables en el fútbol son:

  1. El estrés
  2. La auto-confianza
  3. El nivel de cctivación
  4. La atención
  5. La motivación
  6. La cohesión de equipo

1. El estrés

El estrés es el modo que tiene nuestro organismo de responder ante situaciones que considera amenazantes, tanto internas como externas, y moviliza los recursos de la persona para afrontar esa situación.

La idea general que se tiene, es que el estrés es algo negativo. Es un concepto que se usa indiscriminadamente en muchas situaciones en las que no debería hacerse, y parece a menudo que es un comodín que utilizamos en cualquier momento en el que tengamos acumulación de trabajo o de tareas que realizar y vemos difícil hacerlo todo.

Cuando tenemos los recursos suficientes para afrontar una situación de amenaza y somos capaces de superarla, será algo beneficioso para nosotros y a la vez adaptativo. Cuando nuestros recursos no son suficientes ni adecuados, es cuando aparece el exceso de estrés.

Os pongo un ejemplo. Antes de empezar un partido, estamos muy nerviosos y percibimos la situación como una amenaza (podemos perder ante un rival inferior con el consiguiente malestar psicológico o salir goleados ante un rival muy superior, estamos tocados físicamente y hay riesgo de lesión, tememos la evaluación que hagan los demás de nuestra actuación…). Si somos capaces de controlar la situación, porque tenemos los recursos suficientes para no llegar a bloquearnos física y mentalmente, si lo vemos como un reto en lugar de como una amenaza, etc. nos habremos adaptado a la situación y estaremos en buenas condiciones para llevar a cabo nuestros objetivos. Por el contrario, si la situación nos puede, no sabemos qué hacer, y se va produciendo un efecto bola de nieve por el que a medida que se acerca la hora del partido estamos más nerviosos, con miedo, preocupados, etc. llegará un momento que el exceso de estrés empezará a sobrepasar nuestro límite y será cuando no rindamos como deseábamos ni física ni mentalmente, no irán las piernas ni la cabeza, con el riesgo de perder la atención que requiere el partido y cometer errores, o incluso acabar lesionados….y con el consiguiente efecto negativo de darle vueltas, en cuanto a pensamientos, una vez hayamos terminado.

El estrés tiene varias manifestaciones, que son: Estado positivo de sobrealerta, ansiedad, hostilidad, depresión y agotamiento psicológico. Como podéis ver, no todas son negativas como ya os comenté anteriormente.

2. La auto-confianza

Podemos definir la auto-confianza como la convicción, ajustada a la realidad, que tiene una persona de alcanzar un objetivo determinado con sus propios recursos.

Supone que la persona tiene una percepción de control de la situación a la que se va a exponer, que conoce sus posibilidades pero también sus limitaciones, y sabe cómo explotar las primeras y afrontar adecuadamente las segundas.

La auto-confianza tiene una relación directa con el rendimiento deportivo. Con una auto-confianza apropiada, realista y ajustada, el rendimiento siempre va a ser mejor que cuando esta auto-confianza es débil o la persona tiene lo que se denomina “falsa auto-confianza”.

La “falsa auto-confianza” se produce cuando el deportista, para empezar tiene una auto-confianza baja y piensa o dice a los demás que va a hacerlo fenomenal, etc. y acaba creyéndose algo que no es real y evitando el problema verdadero que es la falta de confianza en sí mismo, auto-engañándose, con el consiguiente batacazo el día del partido y una auto-confianza todavía más baja si cabe. Otras veces, se da cuando el futbolista evita reconocer y enfrentarse a la realidad y al problema de su baja confianza y otras también puede venir provocada por el entorno que rodea le rodea, entrenadores, compañeros, amigos, familia, etc. cuando es continuamente “aconsejado” con frases del tipo “tú vas a ganar”, “tú puedes hacerlo”, “eres mejor que los demás”, “tiene que creértelo para poder ganar”, “repite en tu cabeza que eres el mejor”…si la auto-confianza es débil no servirá nada más que para no afrontar el problema de manera realista y que el día de la competición no se obtengan los resultados esperados.

Por lo tanto es una variable que supone conocerse muy bien a sí mismo. Conocer realmente cuáles son nuestras capacidades y cuáles nuestras posibilidades teniendo en cuenta nuestro estado propio y la situación a la que nos enfrentamos. Y es vital para que sea la adecuada, no querer engañarnos y no ver la realidad propia. Cuántos futbolistas habréis visto que “se van a comer el mundo” y “hoy me salgo” por sus comentarios, que en realidad es solamente un escudo y un “echar para adelante” sin ver lo que realmente hay detrás. Por eso, para que vuestra auto-confianza sea la correcta, hay que saber cómo sois, cómo reaccionáis habitualmente en las situaciones deportivas y tener los pies en el suelo. Los buenos resultados se pueden conseguir con una buena “cabeza” pero raramente lo haréis con ideas fantasiosas e irreales.

3. El nivel de activación

El nivel de activación es la respuesta general de nuestro organismo tanto fisiológica como mental, en una situación determinada. En el deporte, la interrelación de tres variables que hemos visto (estrés, motivación y auto-confianza), es la que da lugar al nivel de activación concreto en un momento concreto.

El nivel de activación es un continuo que iría desde niveles mínimos como por ejemplo las fases del sueño profundo, a los niveles más altos como los estados de alerta máxima. Este nivel de activación, influye en el rendimiento, por dos vías diferentes, por un lado influye en la capacidad de movilizar la energía suficiente para la actividad que vamos a realizar y en todos los procesos fisiológicos que intervienen en la realización de las conductas que vamos a llevar a cabo y por el otro lado, influye críticamente en la atención, el procesamiento de la información que vamos obteniendo y en la toma de decisiones.

Esta respuesta de activación, tiene tres manifestaciones, las fisiológicas (pulsaciones por minuto, respiración, sudoración, tensión muscular….), las conductuales (actos de la persona físicos y verbales observables, no parar quieto o todo lo contrario, gritar, no parar de hablar, quedarse en silencio…) y cognitivos o mentales (pensamientos. auto-diálogos, imágenes mentales…).

A la hora de competir o de entrenar, lo ideal es que seamos capaces de empezar estando en el nivel de activación óptimo. Este nivel es aquel en el que somos capaces de rendir al máximo, tanto física como mentalmente. En cada persona es diferente. Habitualmente en el deporte se usa una escala de 1 a 10 para delimitar cuál es la activación en un momento concreto. Habrá deportistas que su nivel óptimo sea un 6 mientras que para otros será un 9. La ventaja es que conociendo cuál es nuestro punto óptimo, podemos utilizar diferentes técnicas para subirlo o disminuirlo según nos convenga. Sí es importante conocer que el rendimiento no funciona con una relación directa, del tipo cuanta más activación mayor rendimiento. Al contrario, funciona en forma de U invertida. Tanto por debajo como por encima de ese punto óptimo, el rendimiento siempre va a ser deficitario.

4. La atención

La atención es una variable importantísima en cualquier momento de la actividad deportiva, sea en los entrenamientos como en los partidos. Básicamente sería los estímulos en los que nos fijamos en un determinado momento, sean externos o internos, y las respuestas que vamos dando dependiendo de los mismos.

La atención tiene cuatro dimensiones, que abarcan cualquier espectro estimular al que podemos atender:

  • Atención externa-interna: Es externa cuando la atención la dirigimos a estímulos fuera de nosotros (los rivales, el balón…) y es interna cuando los estímulos a los que prestamos atención son internos y sus respuestas (todo lo que pasa dentro de nosotros, sensaciones (“me duele la rodilla”, “qué cansado estoy”…), pensamientos (“Hoy si estoy bien”, “No estoy fino”…) o movimientos (“corre más deprisa”…).
  • Atención reducida-amplia: Es amplia cuando se atienden varios estímulos a la vez (estar pendiente de los compañeros, los rivales y del balón) mientras que la reducida es cuando solamente se atiende a un estímulo o un número muy reducido de ellos (Estar solo pendiente del jugador al que defendemos, o solamente mirar al balón…)

Como podéis suponer, se combinan dando lugar a atención externa-amplia, o interna-reducida, etc. Cada uno de estos enfoques será aconsejable en uno u otro momento del partido. Como el resto de variables, la atención, aunque parezca a priori que no, se puede trabajar como cualquier otro aspecto. Cuántas veces se oye, “Yo es que pierdo la concentración rápidamente”. Quizás es que esa persona tiene un lapso atencional bajo y debe aumentarlo con el entrenamiento o simplemente es que su enfoque no es el adecuado y no atiende los estímulos que le convienen en ese momento.

5. La motivación

Se puede definir como un proceso, determinado por muchas variables, que energiza y dirige nuestro comportamiento. En otras palabras, es lo que hace que llevemos a cabo una conducta concreta y no otra (jugar al fútbol en nuestro caso), que pongamos en su realización toda la energía que consideramos necesaria con más o menos persistencia (tiempo dedicado y modo en que usamos ese tiempo) y con un objetivo claro (competir, estar en forma, pasar un rato con los amigos….).

Quien juega al fútbol, lo hace por algún motivo, y ése motivo es el que nos hace dedicar más o menos tiempo a entrenar, a cuidar nuestra alimentación, a cuidarnos con estiramientos, masaje, a trabajar en el gimnasio, etc. Es todo lo que realizamos para preparar nuestro cuerpo y mente con la finalidad de afrontar con éxito nuestros objetivos.

La motivación, podemos dividirla en dos, la básica y la cotidiana. La motivación básica es el compromiso que tenemos con un deporte, “lo que nos gusta el fútbol”. Mientras que la cotidiana es el interés por la actividad diaria, la gratificación que nos produce el entrenar cada día en ese mismo momento. Lo ideal es un equilibro entre las dos, ya que a veces, tenemos alta motivación por la básica, pero nada por la cotidiana o al contrario.

Por otra parte, los motivos que nos llevan a querer lograr un objetivo, pueden ser tanto externos como internos, y da lugar a que tengamos por un lado la motivación extrínseca y por otro la motivación intrínseca. A la hora de jugar al fútbol puedes tener motivos solamente externos, y por tanto las recompensas que obtienes son externas, como reconocimiento social, halagos, dinero…

Por otra parte, los motivos pueden ser solamente internos, con lo que la recompensa nos la vamos a dar “nosotros mismos”, satisfacción personal, superación, orgullo… A veces predomina una u otra y otras veces se da una mezcla de las dos.

6. La cohesión de equipo

Podríamos definirla como el proceso por el cuál un grupo se une y permanece unido en la búsqueda de unos determinados objetivos.

En determinados deportes, sobre todo los individuales, es irrelevante, pero no así en los deportes de equipo, donde el todo tiene que estar por encima de lo individual y la cohesión del grupo va a ser fundamental.

En general, en el fútbol, se debe dar una interacción entre la cohesión grupal, que debe ser la predominante casi siempre, y el aspecto individual de cada jugador, que por supuesto también es importante. La adecuada interacción entre los dos aspectos va a suponer un mejor rendimiento colectivo.

La construcción de la cohesión dentro de un equipo, no es solamente función del entrenador, sino también los jugadores han de poner de su parte, ya que sin la participación de los mismos en la consecución de los objetivos grupales, será muy difícil lograrla. Hay muchas maneras de trabajar dicha cohesión en el día a día de un equipo, pero trasciende a este artículo, y hablaremos de ello en otra ocasión.

Y aquí termino. Espero que os haya servido el artículo para aclararos un poco estos conceptos y quedo abierto a vuestros comentarios.

Un saludo.

Entrenamiento

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