La hidratación del futbolista

En el fútbol profesional cada vez se hila más fino en el control de las variables que pueden condicionar el rendimiento del futbolista durante la competición. La hidratación es una de esas variables que resultan importantísimas para un rendimiento óptimo a nivel competitivo.

Autores japoneses han demostrado que una hidratación pre-ejercicio con agua rica en hidrógeno reduce los niveles de lactato que se producen durante el ejercicio y mejora por tanto el rendimiento muscular de deportistas de élite.

Las condiciones de cada partido son diferentes, la temperatura exterior, la hora del encuentro, la humedad relativa, etc. Por tanto no siempre se van a necesitar las mismas cantidades de líquido para reponer lo perdido con el sudor y otros procesos metabólicos. Además, no todos los futbolistas son iguales a nivel corporal y por lo tanto no todos van a necesitar la misma cantidad de hidratación.

El organismo tiene una composición de líquido extracelular de aproximadamente el 70% y de intracelular del 30%; el agua y los electrolitos son necesarios para los procesos que se llevan a cabo en las células y, por tanto, en el músculo durante el partido. También mantener los depósitos de glucógeno mediante bebidas con contenido en azúcar es interesante pero no se deben tomar bebidas de este tipo antes de la realización del ejercicio ya que se podría provocar una hiperglucemia que no sería buena para el futbolista.

Lo ideal será beber una cantidad de entre 100 y 300 ml con una pequeña concentración de glucosa (dextrosa o fructosa son las ideales) cada 15 minutos; lo que aplicado a la realidad sería beber unos 300 ml de este líquido durante el descanso y tomar una cantidad de aproximadamente unos 200 durante la segunda parte que es cuando se va a producir una mayor pérdida de electrolitos y de glucógeno muscular.

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