Inicios de entrenador

Recordamos con cariño a determinados entrenadores, a otros con indiferencia, y a otros con muy poco afecto. Sin embargo, a muchos los olvidamos. Los anhelos varían según las experiencias vividas por cada jugador, pero en algo todos coincidimos: el entrenador más recordado, el que tanto nos gustaba, el que mejor nos caía, fue con el que más aprendimos. Aprendimos con él casi sin querer, sin darnos cuenta. Nos hacía los entrenamientos divertidos y exigentes a la vez, nos permitía opinar, nos escuchaba, llevándonos a una forma común de entender el juego. Enseñaba al jugador, pero el entrenador también aprendía, generando entre ellos cariño por el fútbol y por el deporte. Esos entrenadores son los verdaderamente buenos. Al fin y al cabo, los entrenamientos con ellos son relajados, y sus explicaciones son claras, concisas y transparentes. Es el tipo de entrenador que te marca para siempre. Ese debe ser nuestro horizonte: educar, enseñar a aprender, que los niños sean felices jugando al fútbol, que sigan practicando fútbol el máximo tiempo posible. Y, si es posible, sin que se note, sin que parezca una imposición. La intención de cualquier nuevo entrenador debiera contener esta filosofía de trabajo, para que nos recuerden con afecto.

En ocasiones analizo un recorrido por mis inicios como entrenador. Recuerdo el proceso de mi desarrollo profesional, la evolución de mi pensamiento, y como lo he llevado a la práctica. Cómo he llegado a la construcción de mis creencias, valores, concepciones y principios que me han guiado a dirigir equipos de niños, con el objeto de orientar su futuro deportivo. Como casi todo entrenador, me inicié en la enseñanza del fútbol con deficientes conocimientos, quizás porque, como he escrito en algún ocasión, nadie me enseñó a ser entrenador y tuve que aprenderlo yo mismo por ensayo y error, con lectura y práctica. Aún recuerdo el temor a olvidarme de las tareas programadas en cada entrenamiento y el pánico a que un jugador me hiciera preguntas difíciles. Aún me acuerdo de la tensión diaria para aparentar ser un entrenador serio, que lo tenía todo controlado, simulando unos conocimientos que no poseía. Con el paso de los años, corrigiendo errores, estudiando y experimentando, me he ganado el privilegio de ser entrenador, de asistir a los entrenamientos con seguridad, con conocimiento de lo que se debe y lo que no se debe hacer en cada tarea; la potestad de tratar y de que te traten los jugadores con educación, de preparar nuevos ejercicios para llegar al objetivo, de cambiar modelos y formas.

El dominio de los distintos recursos didácticos decimos que suele adquirirse con la experiencia, también con voluntad, con ese deseo de hacer las cosas correctamente, siendo feliz con lo que hacemos. Feliz de sentirse útil a los demás, feliz de una alta valoración del trabajo, feliz por convertir la rutina diaria, cada entrenamiento, en un episodio y en un desafío deportivo.

Enseñar y divertir

El entrenamiento de fútbol debe ser entendido como un sitio donde se va a aprender y divertirse, donde abrimos la mente del jugador y donde también se abre la del entrenador. Dedicar tu tiempo a pensar y experimentar, y a hacer pensar y sentir, son objetivos del profesor de fútbol. Es importante ayudar a los jugadores a comprenderse a sí mismos y a entender este deporte.

Para empezar a entrenar debemos, simplemente, recordar las cuestiones bibliográficas y adentrarnos en las experiencias con nuestros jugadores. Tenemos que disfrutar entrenando, y esto debemos hacerlo siendo variados en las tareas. Es imposible hacerlo si cada temporada repetimos los mismos ejercicios, la misma programación, y los mismos métodos. Los entrenadores que llevamos mucho tiempo dirigiendo equipos de fútbol agotaríamos nuestras ilusiones deportivas si planteáramos nuestra instrucción, temporada a temporada, repitiendo siempre lo mismo. La reforma de nuestro uso deportivo, de nuestra tarea de entrenamiento, es necesaria como una forma de buscar nuevas formas de enseñanza, nuevos mensajes, nuevos pensamientos para nuestros jugadores. El entrenador, en su enseñanza, necesita sentirse útil en cada entrenamiento, en cada partido, enseñando lo aprendido, en esa aventura que resulta la competición y el juego con otros, evitando aburrir, actuando de forma diversa y entretenida.

Comunicación y diálogo

El nuevo entrenador, el maestro y consejero de actitudes y aptitudes, necesita, también, dominar el arte comunicativo, controlar el mensaje, tanto individual como colectivo, que es donde va a desarrollar su idea, con el grupo de jóvenes de su equipo de fútbol. Uno de los problemas a los que debe enfrentarse un entrenador novato se basa en el momento de sus intervenciones y explicaciones, en lo que debe y no debe decir al grupo, y algo importante también, cuando intervenir y cuando dejar hacer. Para ello debemos dominar las normas, conductas y canales de comunicación.

Los entrenadores más capacitados llegarán a dominar la puesta en escena de su sesión y de sus tareas. Lograrán ser entrenadores cualificados, si consiguen adquirir su propia forma de entrenar, si consiguen transmitir lo que piensan, y logran trasladar lo que quieren que aprendan. Si logran que coincida lo que el jugador siente y lo que el entrenador ve. Se supone que el buen entrenador debe saber coordinar su equipo y debe usar intervenciones cordiales, un complicado inconveniente que tampoco nos enseñan y que debemos aprender en nuestro inicios educativos. Se supone también que debemos saber orientar el comportamiento y las reacciones entre los miembros del equipo. Es difícil saber medir entre no dejar pasar ni una y aceptarlo todo. Necesitamos encontrar equilibrio entre respetar y obedecer, entre imponer y permitir. Comprender y dialogar pueden ser las mejores estrategias con tus jugadores para hacerte con ellos al principio. Es bueno enseñar a razonar a los jugadores para llegar a ellos, dejarnos llevar un poco, bajando nuestro nivel de exigencia.

Referentes a imitar

Al iniciarnos en la tarea de dirección de equipos, debemos creer en lo que hacemos, creciendo junto a la formación de nuestro equipo, procurando que los jugadores se sientan parte del equipo, parte de su propia enseñanza, comportándonos correctamente en cada momento. Tenemos que hacerles entender a los futbolistas que se debe prestar atención al entrenador cuando este explique, participando en las tareas planteadas buscando soluciones para llevarlas a la práctica en la competición, colaborando con los compañeros hasta el final del entrenamiento, con la recogida de material. Consideramos importante mostrarnos ante nuestros jugadores, como un profesor, un educador y un guía. Y esa imagen, por tanto, debemos mantenerla a lo largo de toda la temporada, siendo cercanos, demostrándoles confianza, convirtiendo el entreno en diversión, pero también en intenso. Nuestras intenciones no tendrán validez eterna, por lo tanto, los técnicos debemos renovarnos, y nuestras tareas variarlas, utilizando las que creamos más convenientes, creando otras nuevas, según el momento. Los objetivos serán los mismos, pero las acciones pueden y deberían cambiar. Dejaremos que los deportistas hagan suposiciones antes de darles la solución, que averigüen por si mismos, dejando a los jugadores que hagan preguntas, guiándolo a las respuestas.

Ya en tempranas edades, los niños son propensos a imitar el comportamiento de sus mayores, de tal modo que todo lo que hagan esos adultos, se convertirá en lecciones que dejarán huella en su mente, Estos jóvenes están pendientes de referentes que emular y si les convencemos, podemos pasar a formar parte de su inspiración, ya que imitarán lo que les guste. Por tanto, hablamos de fomentar conductas beneficiosas a base de hacerlas nosotros mismos, para que así, si nos copian, sea algo positivo. No debemos olvidar que la educación no es solo una cuestión de transmisión de conocimientos, sino también parte de una formación como personas.

La identidad del entrenador

La primera cuestión a identificar por el entrenador consiste en elaborar nuestro propio modelo profesional, nuestro modelo educativo. Y para ello, los que hemos sido jugadores antes que entrenadores, debemos cambiar nuestra concepción del fútbol, desde el lugar del jugador que siempre has sido hasta conocer en qué consiste ser entrenador. La formación inicial que reciben los entrenadores de fútbol base suele incluir en sus temarios, tanto teóricos como prácticos, lo que el buen entrenador debe hacer y evitar, pero pocos demuestran cómo actuar, cómo guiar a sus jugadores de forma positiva evitando las posibles dificultades. Muchos entrenadores aprenden la teoría, pero no saben aplicarla ni organizarla en un entrenamiento con 20 niños.

El entrenador inexperto debe empezar a solucionar sus problemas con la realidad práctica durante los primeros años de enseñanza. Durante este tiempo chocarán las teorías estudiadas, con la realidad deportiva, a través del ensayo y error en los entrenamientos de fútbol. Aquí empieza nuestro primer servicio al deporte y al deportista, enseñando al que lo necesita, aceptando que nuestro trabajo consiste en estar al servicio del niño, enseñándole movimientos, respondiendo a sus dudas, aplicando nuestros conocimientos a sus cualidades, y experimentando métodos para que el fútbol evolucione. Lo realmente importante son los jugadores y su enseñanza. Nuestra labor consiste en transmitir la cultura del fútbol a las nuevas generaciones de deportistas, transmitiendo valores y verdades vividas, para que les sirvan en su futuro camino deportivo.

La identidad del entrenador es la construcción de su personalidad, de su manera de entender el deporte, de su forma de enseñar, resultante de sus modelos de aprendizaje. Esa identificación no aparece automáticamente, es necesario elaborarla, desarrollarla, con ideas propias acerca del trabajo de entrenador. Para elaborar esa identidad, el entrenador principiante debe adaptar los contenidos del entrenamiento al nivel de capacidades de sus jugadores, dejando a un lado los consejos del profesor universitario y actuando sobre el terreno, estudiando las cualidades de sus jugadores convirtiendo en accesibles nuestras tareas.

Cuando iniciemos nuestra labor deportiva, disimulemos el desespero inicial, cuando no salga nada de lo previsto, ni lo colectivo, transformado en acciones combinadas, ni lo individual, vestido de pases y controles. No perdamos la esperanza tan pronto, reconozcamos que estos comienzos llegarán a ser un poco frustrantes, llevándonos a pensar: ¿que voy a hacer con este grupo? ¿aprenderé a entrenar? No nos impacientemos, analicemos nuestro trabajo, los problemas con los que nos encontraremos, intentando solucionarlos, y conseguiremos que nuestros inicios de entrenador estén plagados de experiencias educativas valiosas.

Fútbol Base

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