Goles de motivación

En muchas ocasiones me ha dado la impresión que algunos entrenadores que usan las palabras valores y motivación, después no las ponen en práctica, en realidad creo que no saben como hacerlo. Escucho a estos técnicos hablar de motivación y valores sin dejar entender lo que eso significa para ellos. Hacer sentir buenas sensaciones a quien estamos formando es en cierto modo despertar sus sentidos. En el momento en el que se anima a un niño a jugar al fútbol, las palabras y las expresiones que usamos los entrenadores o padres, serán definitivas sobre las intenciones futuras que vaya asimilando el niño.

Según el diccionario, motivar es explicar el motivo de algo y un motivador es quien motiva. En psicología, la motivación son los impulsos que incitan a una persona a realizar determinadas acciones. En lo deportivo entiendo que motivar a las niños es aportar deseo de su practica, en este caso fútbol. Motivar produce placer practicando o sintiéndote seguidor de un equipo u otro. A veces los niños lo hacen por sus padres y otras veces porque tuvieron la suerte de tener un entrenador que los motivó a divertirse con el fútbol. Cuando motivamos trasladamos algo del entrenador al joven futbolista, colaboramos con una idea determinada, logramos que marque un gol sin marcarlo, pero haciendo que lo sienta. Conseguir motivar a los miembros del equipo es lo más bonito que los entrenadores podemos dejar de nosotros mismos en los niños a quienes formamos. La motivación está directamente ligada a la práctica del fútbol desde que pateas un balón por primera vez. Pero no empieza ni termina en el terreno de juego. Tanto en el fútbol como en cualquier otra actividad profesional, la motivación determina nuestra manera de actuar, nuestros éxitos e incluso nuestra felicidad.

Saber motivar

Como educadores, debemos saber que existen diferencias entre adultos y niños cuando tratamos de motivarlos con el deporte. Para los más pequeños, competir no es lo más importante a la hora de jugar al fútbol. Lo principal es divertirse. Pero a medida que se va creciendo, el aspecto competitivo del deporte se vuelve cada vez más importante. El fútbol base, no es solo un juego para los niños, no basta con darles un balón para que jueguen, su práctica mal dirigida por el entrenador y con una implicación indebida de sus progenitores, puede ocasionar perjuicios emocionales en el joven jugador. Entrenadores y padres somos responsables de las secuelas psicológicas y físicas que el desarrollo de nuestros deportistas tendrá en su práctica. Para contribuir en la mejora y desarrollo de estos jóvenes debemos trabajar conjuntamente, comprendiendo, confiando e inculcando conocimientos, habilidades y actitudes adecuadas. La motivación es fundamental para que los niños persistan en la práctica deportiva, es tener un objetivo y hacer las cosas de la mejor manera posible para conseguirlo, es manifestarse preparado a conseguirlo. Estar motivado en el deporte, por tanto, es querer obtener un buen rendimiento y hacer lo máximo posible para lograrlo. El entrenador debe mantener alta la motivación del equipo. Para ello sería recomendable: crear un clima de aprendizaje agradable, utilizar modelos significativos, apoyar a los deportistas, buscar retos desafiantes y alcanzables, proponer tareas atractivas y hacerles ver a sus jugadores sus mejoras.

Uno de los retos más frecuentes para un formador es encontrar la fórmula para motivar a los futbolistas a aprender. Con motivación, todo es más fácil en el terreno de juego. Podrás involucrar más a tus deportistas, estimularlos o inducirlos al esfuerzo. Tradicionalmente para conseguir el comportamiento del alumno que se desea se recurre a premios y castigos. Sin embargo, es interesante saber que cuando asignamos tareas complejas, que requieren de un esfuerzo, este tipo de recompensas no funcionan para sostener la motivación a largo plazo. Nuestros jugadores serán más creativos si les motivamos con el interés, la satisfacción y el reto del esfuerzo en sí mismo, sin presiones externas.

En lo referente a motivación, la comunicación es vital. Es importante reforzar los mensajes positivos y antes de corregir, felicitar o destacar los aspectos positivos de cada uno. Los mensajes “lo vas a conseguir” y “lo estas haciendo muy bien” son esenciales y ayudan a vencer la desilusión. La motivación convertirá la tristeza en alegría y los errores en experiencias, para llegar a lo más alto. Además, este trabajo se traslada a todo el equipo, a la familia y a la afición, infiltrando esta inyección positiva a su forma de vida. El entrenador debe tener recursos que le ayuden a contribuir a que sus deportistas consigan sus objetivos, estos métodos ha de saber aplicarlos correctamente para activar a cada jugador de la forma más adecuada para que influya en su rendimiento, se trata en definitiva, de saber comunicar, de saber motivar.

Formación y libertad

La formación hace referencia a nuestro deseo de mejorar nuestras habilidades, de progresar y de ser cada vez mejores. Este es otro motivador importante. Actualmente existe una exagerada importancia que algunos padres le dan a las notas para evaluar el progreso de su hijo. Si lo trasladamos al fútbol, un jugador percibe que el único objetivo es ganar o marcar muchos goles, este jugador se puede volver menos creativo y más reacio al aprendizaje. En vez de intentar mejorar lo que realmente le interesará es pensar solamente en él, olvidándose además del equipo.

Trabajar la motivación es tarea de los entrenadores. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, la formación en esta materia es escasa. Ello puede provocar que el entrenador se deje llevar por sus propias motivaciones o fracasos, sin tener en cuenta a sus jugadores. Lo mejor que se puede hacer es intentar aprender de las situaciones cotidianas, y que nos pueden enriquecer en este sentido, entrenando con firmeza y confianza. Si quieres que tus jugadores se sientan implicados en un proyecto de equipo, en vez de marcarle las pautas, dales la libertad de que aprendan por sí mismos. Dales la autonomía para que escojan dónde y cómo obtener los conocimientos. Si les dejas afrontar el reto a su propio ritmo y en la secuencia que decidan, irán más allá de lo que marcan los objetivos del club. Asumiremos el hecho de que no todos los niños aprenden de la misma forma. Hay que crear oportunidades para que ellos mismos se equivoquen, aprendan de errores y desarrollen la capacidad de solucionar problemas. Los jóvenes usan sus talentos sin restricciones, desarrollan su creatividad y prueban cosas por curiosidad o diversión. Puede parecer que se pierde el tiempo, que el equipo no progresa pero la ciencia sugiere todo lo contrario. En ocasiones, la mejor manera para conseguir que un niño valore lo que hace es darle autonomía y libertad para elegir.

Padres motivadores

 Los niños pueden renunciar a practicar deporte si no tienen la motivación y el estímulo adecuado. Ellos tienen que lidiar con mucho estrés en el campo, tratando de complacer al entrenador y, sobre todo, a sus padres. Si sienten que no pueden ganar o mejorar, los niños pueden darse por vencidos trasladando a sus padres que ya no les gusta el fútbol.

El padre motivador habla con su hijo antes de la temporada sobre lo que desea. Ayuda en su practica para intentar corregir los errores, sin ser demasiado crítico, señalando lo bueno, lo que hizo bien, para que vea lo positivo. No debemos demostrar que estamos enfadados con ellos por su juego. Todos jugamos mal en alguna ocasión. Hagamos que entiendan que estamos orgullosos de ellos cuando hacen un gran esfuerzo. Es correcto que queramos ganar, pero si hicieron todo lo que podían hacer para ello. Los mejores deportistas también pierden, incluso los más brillantes. La mejor motivación es intentar aprender y mejorar. Practica con tu hijo de una manera divertida, sonríe, escúchalo e interactúa con él, organizad juegos juntos. Lo importante es que lo pase bien jugando al fútbol y que siempre quiera volver a hacerlo. Infórmate de lo que hace. Es importante conocer cuáles son los objetivos y metas que el equipo establece y que el niño debe trabajar para lograr. Permítele tomar decisiones, corrigiendo lo que haga mal, sin criticarlo. Asume tus errores, así verán que todos los cometemos. Estimula su esfuerzo más que el triunfo. Anímale a dar lo mejor de sí. Edúcalo con buenas prácticas competitivas que lo ayuden tanto en el deporte como en la vida. Que aprenda de los errores como una herramienta de formación.

El padre es su modelo, transmítele los conocimientos que tengas sobre el deporte y sobre la vida. Ayudemos a los entrenadores teniendo un comportamiento idóneo con ellos y en la relación con nuestro hijo, contribuyendo a que su desarrollo sea lo más beneficioso posible.

Entender el objetivo

 Los jugadores rinden más cuando comprenden cuál es el objetivo detrás de un proyecto de equipo y de club y especialmente ven su utilidad dentro de su futuro deportivo. Intentar explicar a un jugador porqué debe aprender a tirar a portería, cuando es defensa, puede ser misión difícil. Sin embargo, cuando sea posible, podemos intentar poner ejemplos reales dentro del juego, utilizando datos concretos que sean interesantes o curiosos para ellos. La motivación no solo suma puntos a sus talentos, los multiplica. En muchas ocasiones será el aire que moverá sus pulmones para conseguir los objetivos del equipo. Un jugador animado se implicará mucho más con el grupo. El jugador debe ser amigo de la motivación, acompañarla, quererla, para que cuando aparezcan los obstáculos deportivos y las cosas se tuerzan, el ánimo le sirva de guía y  jamás esté solo. No renunciemos nunca a la diversión y la alegría que proporciona el fútbol, porque ayuda a liberar presiones y relaja enfrentamientos.

Como educadores debemos fomentar la motivación y educar a los niños de manera que no se desanimen cuando alguien les digan que no saben hacer algo. Una de las mejores herramientas para educar a nuestros jugadores de esta forma, es ser nosotros los primeros en evitar estas palabras y, así, enseñarles a ellos a no decírselas tampoco. Los entrenadores somos responsables de los valores que les transmitimos día a día, de la formación de su inteligencia emocional. El técnico debe conocer los gustos del deportista para desplegar las capacidades del niño y conseguir los resultados buscados. Todo lo que les enseñamos desde que comienzan a jugar al fútbol, quedará en su base de comportamiento hasta la edad adulta. Esta manera de educar a los niños les ayudará a llegar dónde quieran y deseen.

 En ocasiones, los técnicos inculcan la victoria deportiva a cualquier precio, abusando de la agresión verbal si esta no se consigue. Este tipo de conductas, lejos de motivar a los niños, produce en ellos rechazo y abandono del deporte. Al huir del concepto de victoria como única meta, se permite la derrota sin trauma. La motivación te enseña que el día de la competición el resultado puede conseguirse o no, pero se trata de ser consecuente, pase lo que pase. Un correcto trabajo de estimulación en el niño contribuye a dar valor a su esfuerzo, a su constancia y al desarrollo de sus habilidades, produciéndole un placer personal repleto de goles de motivación.

Fútbol Base

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