El triunfo del estilo

Jugar bien para ganar

 El fútbol es un juego, a veces, considerado un arte, porque es inspiración y esta es una facultad de artistas. Hay acciones en el terreno de juego que son consideradas como monumentos, que hacen que el aficionado disfrute, produciendo placer, gozo y alegría. Gracias a las acciones de los artistas del balón, convierten al fútbol en una disciplina que despierta, en muchas ocasiones, el asombro de la grada. Es un fútbol bello, que triunfa con merecimiento, de dueños de momentos divertidos. Es un fútbol que busca la victoria, pero también el espectáculo, porque sabe que hay mucha gente viéndolo.

Fútbol de contraataque, de posesión, directo, organizado, de toque, defensivo. De muchos estilos. La cuestión es válida para proponer un camino de trabajo en un equipo. A la hora de entrenar a un grupo, hay dos cuestiones clave: conocer a tus jugadores y el estilo de juego a practicar. Este último apartado es vital porque será la base de nuestro pensamiento, la idea que un equipo va a defender hasta el final, y que ha de entrenarse perfectamente para asegurarnos la forma adecuada de hacer frente la competición. El estilo de juego es la esencia del fútbol, es la forma de jugar de tu equipo, cómo ataca, cómo defiende, qué hace en zona de iniciación, de creación y de finalización, es la estrategia, la manera de moverse. Es, en definitiva, el pensamiento del técnico en el terreno de juego, un guión donde encontrar respuesta a las preguntas que surjan durante el partido.

La identidad

 Una de las razones por las que un entrenador se identifica con el equipo es su estilo de juego. Cuando pensamos en un entrenador o en un equipo de fútbol, casi siempre lo identificamos por su forma de jugar. Cualquier entrenador o futbolista se plantea, antes de cada partido, lo que queremos que ocurra. Eso, no lo sabremos hasta que el balón rueda. Lo único que tendremos claro es la idea planeada de lo que queremos que pase, en base a nuestro estilo de juego y el que tenga el rival, dentro del césped. Los comportamientos dentro del campo vienen precedidos en muchas ocasiones por una idea de juego. El conseguir tener esta identidad depende del trabajo.

La aparición de nuevos entrenadores en el fútbol moderno ha sido toda una innovación. No sólo por su lista de triunfos, o por sus nuevos métodos, sino porque le han dado a la figura del entrenador de fútbol la función de auténtico líder que los futbolistas le habían sustraído. Con evidente sentido futbolístico, un comportamiento diferente, mucho estudio y mejor imagen, esta nueva generación de entrenadores ha creado un estilo propio en la forma de dirigir y de dominar el espectáculo del fútbol. Una nueva seña de identidad, para una nueva idea del fútbol.

Jugar bien para ganar

 La estética en esto del fútbol es un concepto muy ambiguo, ya que cada modelo llevado a su máxima expresión y desarrollo tiene connotaciones estéticas, y éstas, dependiendo del modelo resultan ser muy diferentes. Existen diferentes maneras de entender el fútbol y filosofías de juego contrapuestas. De un lado, las que entienden el fútbol como una rama de la estética frente a otras que se aferran al resultado, al “ganar como sea”. Esto no es otra cosa que una revisión actualizada de la eterna polémica entre jugar a ganar o jugar con estilo, entre el fútbol constructivo y elaborado frente a otros menos vistosos.
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Asumimos que jugar bien o mal al fútbol es sinónimo de jugar bonito o feo, que el fútbol es un deporte estético. Hemos visto como destituían a entrenadores después de haber ganado títulos sin jugar bonito, porque sus aficionados necesitaban ganar disfrutando, y cesar a otros jugando bonito, pero sin conseguir títulos. Algunos aficionados y directivos, e incluso entrenadores, ponen en juego la elección entre medios y logros, entre el buen juego y la victoria. Esto lleva a plantear, a algunos técnicos, hasta qué punto son importantes los medios en relación al fin. Doy por supuesto que casi todos los entrenadores buscan ganar, lo que sugiero es hasta qué punto estamos dispuestos a negociar nuestro estilo de juego con tal de alcanzar la victoria.

 Ante la pregunta a cualquier entrenador sobre si está dispuesto a sacrificar su estilo de juego con tal de obtener la victoria, cualquier técnico responderá que el equipo trabaja para jugar bien, pero ante todo para ganar. Quizá sin pensar que la mejor forma de ganar es jugando bien. Lo que difícilmente puede tener discusión es que, con un estilo, el que nos guste o el más adecuado para tu equipo, si no juegas bien es casi imposible ganar. Se pueden ganar partidos, pero jugar sin un estilo o una idea tiene su castigo. Los equipos de fútbol no suelen perder partidos jugando bien. La sensación de buen juego va a estar relacionada con lo que hemos solicitado a nuestros jugadores el día del partido, con el resultado de las directrices y movimientos que hemos acordado durante la semana de entrenamiento. Esta lectura, es la que hace entender al técnico todo lo que encaja con su idea, es la que va a ayudar al equipo a la victoria, la que lo ayudará a jugar mejor, a creernos mejores y a pensar, por tanto, que hemos jugado bien.

El mejor camino para la victoria es jugar bien, y los entrenadores de fútbol disponemos de múltiples recursos para garantizar ese triunfo. A nadie nos gusta perder, y menos jugando bien, aunque habrá días que ocurra. Hay partidos que no juegas bien y terminas ganando, y eso habrá que corregirlo. Queremos ganar pero, por encima de todo, queremos divertirnos, y para que eso ocurra tenemos que jugar bien.

¿Qué entendemos por jugar bien?

 Traducido el partido en estadísticas, lo que más peso estético tiene a la hora de valorar el buen juego, aparte de los goles, es la posesión del balón. Ese estilo que se caracteriza por el uso de pases cortos y precisos en las transiciones, buscando espacios y movimientos de balón. La filosofía del estilo no debe pasar únicamente por un entrenador, se basa en una idea, una línea de trabajo que debieran seguir todos los entrenadores. Esa debe ser la manera de trabajar.

El mejor camino para ganar es jugar bien, tal como cada uno entienda lo que es jugar bien. Para mí lo es, controlando el juego con el dominio de la pelota y disfrutando al pasarnos muchas veces el balón. Cuando el equipo lo hace, juega bien, mis jugadores lo pasan bien, y en eso consiste este juego. Si los de dentro del campo disfrutan, muchos más lo haremos los que estamos fuera, sobre todo si eres el entrenador, satisfecho de que cumplan lo trabajado. La mejor forma de jugar bien es tratando de adaptar tus jugadores a esa forma de jugar, tan diferente y divertida, que tienes en mente. Ser capaz, como entrenador, de poder sacar el máximo rendimiento del equipo, poniendo en práctica tu sistema y tu estilo de juego. Ese es el verdadero triunfo.

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