El fútbol callejero

“Desde pequeño me gustaba el fútbol, no teníamos campo de césped y jugábamos en un campo de tierra, es allí donde me aficioné a este deporte, he aprendido más de la calle”.
Alexis Sánchez, Barcelona C.F.

Los niños salen a la calle a jugar al fútbol. Aprovechan cualquier momento del día para dar unas patadas al balón y correr por las calles tratando de imitar las paradas, asistencias, regates, pases y disparos de sus jugadores favoritos. Juegan al fútbol todos los días después de clase, en el recreo, en el barrio y los más privilegiados en las escuelas o clubes deportivos. A este juego no le hacen falta las condiciones de un juego formal, tales como un campo grande, líneas en el campo, marcador y banderas en las esquinas, once jugadores por equipo, o el árbitro. Solamente hace falta un balón, un grupo de amigos, una pared o una portería formada por ropa, mochilas o piedras que son utilizados para los postes. Incluso los adultos hay cosas que no podemos resistirnos a hacer, especialmente en la calle. Cuando vemos niños jugando al balón, no importa donde sea, tenemos la imperiosa necesidad de dar unos toques y entrar en el partido.

En el fútbol callejero existen unas reglas, no escritas, que respetan todos los niños y que pueden ser parecidas a estas:

Los equipos los hacen los “mejores” de la pandilla.
Pares o nones para elegir campo o balón.
La pelota sale del campo cuando se va muy lejos, no hay línea lateral.
El tamaño de la portería es igual al tamaño del portero.
El único gol que se discute es el que la pelota va alta y el portero no llega.
Si el gol es dudoso tiramos penalty a favor.
Las faltas las pita el jugador al que se la hacen.
Si viene un coche se para el partido.
Los equipos descansan cuando un jugador quiere beber agua.
En caso de empate, el que meta gol gana.
El partido se acaba cuando el dueño del balón se marcha a casa.

Estos argumentos y la facilidad del juego hacen que el fútbol sea el deporte más popular en todo el mundo. Es una pena que esta tradición lúdica se esté perdiendo, ya sea por el crecimiento urbanístico de las ciudades, por el sedentarismo de niños y jóvenes por videojuegos y ordenadores o por la desconfianza de los padres que no dejan salir a los niños de casa, afectando de forma negativa a los juegos de fútbol en la calle.

 Esta tradición se ve afectada también en escuelas deportivas y clubes de fútbol. Los entrenadores y gestores deportivos no debemos permitir que esto siga ocurriendo, ya que son muchos los beneficios, de este tipo de juegos, en la proyección del alumno.

Los educadores debemos incluir métodos de entrenamiento y actitudes que se asemejen a este fútbol callejero: posesión (todos contra todos), habilidad (quien hace mayor número de  toques), control y pase (pared-frontón), etc. En definitiva, el fútbol callejero que nos hacía competir con los amigos intentando ser mejores cada día. Inculquemos que los alumnos aprendan unos de otros, con esa competencia sana entre compañeros. Si el alumno ve una jugada buena y le gusta, y es otro jugador el que la hace, que la aprenda y la practique hasta conseguir hacerla correctamente.

 Los sistemas tácticos no deben acaparar demasiado protagonismo. Apliquemos, en cada entrenamiento el “fútbol de calle”, pero orientado al equipo, sin manejar conceptos de juego que supongan reglas fijas que signifiquen jugadores robots. Debemos convencer a los niños a que sean ellos mismos dentro del colectivo, se atrevan a hacer cosas. Esas cosas que harían con sus amigos en la calle: tirar un caño, pasarla por encima del contrario, realizar el regate que viste en televisión, intentar esa jugada complicada. Esta actitud en el entrenamiento la trasladaremos posteriormente al partido, inculcando en el niño el arrojo necesario para que lo intente en cualquier momento. Ya tendremos tiempo de ir corrigiendo, poco a poco, los excesos que cometa y recortando sus errores, hasta conseguir el equilibrio adecuado con el grupo. Más pronto que tarde veremos la mejoría en su juego.

Desde la etapa benjamín (8 años) podemos poner en práctica juegos y ejercicios “callejeros”, aumentando su dificultad, hasta las categorías infantil y cadete, donde llevaremos al conjunto a conseguir jugadas con un número no demasiado elevado de contactos y con la colaboración del mayor número de compañeros, saliendo de situaciones comprometidas sin dificultad. Salir jugando la pelota desde la propia portería, pasar al portero sin miedo, regatear en momentos sin pase, o tirar a puerta desde largas distancias son objetivos que nos marcaremos en nuestros jugadores.

No olvidemos nunca lo que hemos disfrutado, en nuestros inicios, con una pelota, los primeros pasos con el balón, esas primeras experiencias en el fútbol, los juegos con los amigos, seguro que fueron en la calle.

 

Fútbol Base

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