El entrenador que dejaba regatear

Erase una vez un entrenador que soñaba con enseñar a niños jugar al fútbol de la mejor manera posible, para que eso ocurriera debía prepararlos para controlar el mayor número de movimientos con el balón. Debía enseñarles la base del conocimiento del fútbol, para que los niños disfrutaran jugando, no se aburrieran y su educación se beneficiara. Al jugador poseedor del balón que tuviera en un partido alguna ocasión donde no pudiera ejecutar un pase, le recomendaría que regateara para conseguir desestabilizar al equipo defensor.

 Sabía que en ocasiones, el jugador no podría solucionar el problema que se le presentara por no poseer los conocimientos necesarios. Sería preciso entonces trabajar con estos niños, con la intención de que supieran aplicar el regate de forma correcta. Deberían entrenar y mejorar esta habilidad para lograr ser futbolistas habilidosos. El jugador sin regate estaría limitado, lo mismo que el equipo que no supiera aprovechar esta posibilidad ya que sus soluciones ofensivas serían pobres. Conocía que algunos entrenadores no enseñaban el regate porque existía una información errónea relacionada con este elemento, considerando esta acción poco beneficiosa para el juego colectivo de equipo. Sabía que los entrenadores no trabajan el regate como una acción más del entrenamiento sino que lo hacían de forma ocasional, porque pensaban erróneamente que todo el éxito deportivo se debía a la táctica colectiva.
 Para que esto no suene a cuento, los que nos dedicamos al magisterio del balón, debemos enseñar a los jóvenes la mejor herramienta que podrán tener jugando al fútbol, la suma de sentido común y técnica, en cada acción y en cada gesto que realizamos en el transcurso de un partido está presente la técnica y como no, EL REGATE.

Dominar la técnica del regate

 El regate es una de las piezas fundamentales del fútbol, y uno de sus mayores alicientes junto con el gol, te permitirá escapar del adversario para seguir avanzando y decidir lo que vas hacer a posteriori. Cuando un jugador tiene el balón, es el que dispone, dirige el partido, quiere evitar que se lo quiten, para ello sortea adversarios corriendo y controlándolo cerca de los pies. Dominando el regate mantendremos la posesión del balón más tiempo que el contrario, aunque su práctica está disminuyendo paulatinamente, principalmente porque cada vez hay menos niños con esta habilidad natural, ya que cada vez practican menos tiempo este tipo de movimiento, lo que produce que surjan menos niños con esta destreza. Si desde las bases no enseñamos a desarrollar la enseñanza de la técnica del regate, no podremos desarrollar nuestro juego correctamente, así que tanto el juego colectivo como el espectáculo se resentirán.

Los entrenadores disfrutamos viendo cosas creativas sobre el terreno de juego, y una de las cosas con las que más podemos disfrutar es viendo  terminar jugadas con regates de calidad. Para eso, debemos apoyar al jugador que toma la decisión de ir contra el equipo contrario con una sucesión de regates, manifestando su improvisación, creatividad y desparpajo técnico, avisándole que el último pase tiene que hacerlo correctamente, no debe haber fallos, ni pérdida del balón, ya que la jugada sería errónea. A veces, el último pase estropea una gran jugada.

 La clave del regate es, además de saber hacerlo, elegir el momento adecuado en el que lo tenemos que ejecutar, es decir, cuando no tienes una mejor opción, en el área contraria, cuando se intuye claramente que te va a posibilitar una acción posterior ventajosa y situaciones similares.  El éxito o el fracaso del regate depende en cierta medida de la distancia a la que se está del jugador adversario. Realizado muy cerca del defensor, este no tiene más que meter la pierna para recuperar el balón. El jugador debe tener en su registro una gran variedad de regates para evitar que el defensa aprenda sus movimientos. No debemos abusar regateando, ya que el fútbol es un juego en equipo, por lo que será lógico asociarse con el resto del equipo y evitar dicho gesto técnico en situaciones peligrosas como en nuestra propia área o cuando hay un claro pase a un compañero mejor situado.

El entrenamiento. Automatismos del regate

 Su entrenamiento se puede considerar que ha tenido éxito cuando las acciones aprendidas aparecen en el partido. Sobre el campo ese espacio se traduciría en una costumbre, dándoles libertad de regate a los jugadores, dentro de un orden. Una de las mejores formas de que un niño aprenda a jugar al fútbol es permitirle que lo intente. Que intente cualquier acción del juego en cualquier lugar del campo, eliminando las prohibiciones. Un magnifico regate espontaneo en un partido  debería ser tan apreciado por el entrenador como el que propone, él mismo, en los entrenamientos. La gama de tareas en las sesiones debe ser variada para que el niño se divierta y vea que su progresión de aprendizaje de las mismas es real.

El entrenamiento del regate debería tener siempre un lugar para las ideas propias de los niños, donde desarrollen su creatividad. El mejor momento para despertar esta creatividad son las etapas benjamín y alevín, ya que el niño consigue con facilidad una riqueza motriz que le permitirá posteriormente realizar todo tipo de regates individuales y jugadas colectivas.

 El trabajo de ejecución de los regates debe ser progresivo, analítico, integrándolo con oposición. Preparemos ejercicios aptos para su edad, que vayan de lo sencillo a lo complejo, de lo pasivo a lo rápido, controlando distancia y momento para sorprender al rival. Más adelante, ese trabajo se compondrá de juegos técnicos, con acciones de conducción, juegos donde haya que dar pase después de desbordar con regate. Para ponerlo en práctica real debemos Integrarlos en los partidos, pudiendo realizar puntuaciones a los mejores regates, como un punto más de motivación. En su práctica debemos impartir y automatizar de manera efectiva sus movimientos básicos de forma intensa y variada para que aparezcan de manera casi inconsciente en las diferentes situaciones del juego.

El 1×1

Cuando nos enfrentamos a un buen regateador provocamos en el equipo contrario una reacción de inferioridad que le da al atacante una pequeña ventaja. Educando regateadores tendremos en el futuro jugadores descarados con el balón, con capacidad de desborde que lleguen a zonas cercanas a la portería contraria con opciones de remate, propias y del resto de compañeros.

Muchos equipos permiten las jugadas de desborde únicamente a los jugadores talentosos desde las primeras etapas de formación. En estas etapas no solo no se debe prohibir el juego individual, sino promoverlo. Esto no quiere decir que caigamos en excesos de juego individual con jugadores que no combinen con el grupo. Debemos promover el juego en equipo pero sin privar a nuestros jóvenes de atrevimiento para el duelo 1 contra 1, con variedad de movimientos. En categorías inferiores planificaremos un número predeterminado de sesiones que contengan un gran número de repeticiones de la técnica, donde predominen los enfrentamientos 1×1 que emplearán en la competición.

Al rescate del regate

 El regate suele tener mala reputación. Para muchos entrenadores es el equivalente a egoísmo en el futbolista, a individualismo, a no jugar para el equipo, de lucimiento personal y jugar sólo para contentar al espectador. Su problema es que muchas veces no termina jugada y no acaba en gol y los amantes del resultado no lo perdonan.

Cada vez resulta más difícil ver a un jugador hacer un regate y marcharse de su par. El fútbol actual, cada vez más, se basa en velocidad, preparación física, potencia y presión, con espacios más reducidos, perdiendo influencia la calidad técnica y por tanto el regate, que en anteriores décadas tuvo. Hoy se puede ser jugador de fútbol profesional con el simple requisito de pasar el balón y no perderlo demasiadas veces. Obviamente hay que tener en cuenta que el fútbol es un deporte donde se debe priorizar lo colectivo sobre lo individual, pero la suma de individualidades puestas al servicio del equipo es una combinación perfecta, y el regate forma parte de las aptitudes individuales que aplicadas del modo correcto mejoran el juego de equipo.

Regates con historia

 No hay nada como observar el manejo de pelota que tienen los mejores jugadores. Si existe una jugada que suele levantar a los aficionados de sus asientos, esa es la del regate, la técnica más difícil en el mundo del fútbol pero también la más elegante. Algunos goles, fundamentados en acciones con regates y asistencias, tienen categoría de obra de arte puesta al alcance de unos pocos dotados. Podemos comprobarlos de diferentes formas: sombreros, bicicletas, ruletas, autopases. colas de vaca o caños.

Fueron los brasileños quienes abrieron los ojos al mundo en el arte del regate, gracias a jugadas imposibles de jugadores como Garrincha, Pelé y sus intenciones de rebasar a los defensas con una calidad técnica incontrolable y jugadores que crearon una nueva dimensión del futbolista como leyenda Di Steffano, Puskas, Kubala o Johan Cruyff. Más tarde, los argentinos, con su interminable cantera, fueron los que escogieron lo individual como rasgo principal en su forma de jugar, con la figura del mejor jugador de todos los tiempos, Maradona, reinventor del regate largo, después llegó Messi. Actualmente son los españoles los que dominan esta habilidad en los terrenos de juego, cuando vemos a jugadores como Iniesta, Silva o Isco, sabemos que vamos a ver algo diferente.

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El buen regateador

 La esencia del futbol requiere eludir rivales alejando el balón lo máximo posible de sus defensas en disputas cuerpo a cuerpo. Un regateador debe estar seguro de sus posibilidades para lograr su objetivo durante el juego, debe evitar regatear si no lo tiene claro, se enfrenta a un adversario superior o si tiene un compañero desmarcado. Pensemos que el regate es casi siempre un recurso y no la primera opción.
El buen regateador mira hacia arriba y conoce donde se encuentra el oponente todo el tiempo, manteniendo el control de la pelota, dando un paso cada vez que la toca para ponerla en juego. Usa todas las partes del pie, parte interior y exterior, para mover el balón. Lo mantiene cerca, pensando en él como una extensión del pie y gira, moviendo la pelota lejos del rival, usando la parte interna o externa del pie, dependiendo de hacia donde quiera girar.

Las amenazas de cualquier gran equipo son sus regateadores. Jugadores que se vayan, que desborden, por el centro, por la banda y que atraigan la atención de los defensores. ¿Cómo defender a un buen regateador? Como enseñó Johan Cruyff, para evitar desmarques nada como no marcar demasiado cerca.

El fútbol sin regate no existe

 En ocasiones algunos niños llegan a casa y comentan a sus padres que no quieren volver más a jugar al fútbol porque el entrenador no les deja regatear, sólo les dice que tienen que tocar el balón al compañero. Para cualquier entrenador novato recortar la individualidad es una equivocación obligada, es normal que cometa el error de atosigar a los niños regateadores señalándolos como ¨chupones¨. Superada esa línea ignorante propia del que empieza, es necesario recapacitar y entender que sin jugadores regateadores no podemos jugar a fútbol competitivo. El fútbol sin regate no existe, es más, el equipo que lo realice con éxito más veces, tendrá muchas más posibilidades de ganar. Quiero decirle a estos entrenadores que los niños lo que prefieren es aprender a regatear, que lo van a intentar siempre que cojan la pelota y cuando se la quiten volverán a probar, si los dejan. Si no aprenden a regatear a edad temprana cuando sean mayores jugaran mirando al banquillo, esperando instrucciones. Desgraciadamente, entrenadores de este tipo hay muchos en la elite, que amordazan, coartan y limitan las posibilidades de grandes futbolistas.

El fútbol preciosista de toque de cualquier equipo del mundo no tendrá éxito sin el componente driblador de jugadores que tengan esa habilidad. Existe algo más en fútbol que tocar y mover, intentar regatear, dejemos que decida el niño porque si no practica nunca aprenderá. Los jugadores libres, son los que pueden hacer bueno o malo a un técnico, pero un técnico puede hacer malo a un buen grupo de jugadores si limita su libertad. Me gustaría que dijeran de mí que soy un entrenador que, bueno o malo, dejaba a sus jugadores disfrutar, disfrutar regateando.

Fútbol Base

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